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La Cumbre de las Américas, con las ausencias de Cuba y Puerto Rico, culminó el domingo 19 de abril en la isla de Trinidad y Tobago, con la casi unánime coincidencia de que había sido un éxito, pese a que el documento final no fue ratificado por todos los presidentes y sólo fue firmado por el primer ministro de la isla anfitriona del evento. La ausencia de Cuba y las relaciones de Estados Unidos con la región fueron los temas principales de la reunión pese a no estar en la agenda. Para algunos mandatarios, ya no puede haber nuevas Cumbres sin la participación de Cuba. El primer ministro de Trinidad y Tobago, Patrick Manning, firmó en solitario la declaración final en nombre de los demás países que ratificaron el documento, aunque en ese momento no quiso aclarar quienes se habían manifestado en contra. Tampoco era necesario, los presidentes que participaron en la Cumbre del Alba, en Cumaná, Venezuela, habían ya adelantado que no firmarían el documento ante la ausencia de una condena al bloqueo norteamericano a Cuba. Manning justificó la indiferencia hacia la declaración final recordando que el documento había sido elaborado por funcionarios en los últimos dos años y en consulta con gobiernos que ya no están representados. Más concretamente debió decir, el gobierno de George Bush. Según la prensa argentina, país sede de la Cumbre anterior, los funcionarios que acompañaron a la presidenta Cristina Fernández, señalaron que el documento era un retroceso comparado con la declaración final de Mar del Plata del 2005 al proponer metas de desarrollo y combate a la pobreza. El presidente ecuatoriano Rafael Correa explicó esa contradicción entre la falta de apoyo al documento final y la sensación de éxito del encuentro. "El documento final es irrelevante e intrascendente, y la cumbre ha rebasado por mucho ese documento", aseguró en declaraciones al canal TELESUR. Por su parte el venezolano Hugo Chávez fue más explícito en su entusiasmo. "La cumbre, sin ser perfecta, se acercó a la perfección", dijo y recordó la trayectoria de estos encuentros internacionales. Señaló que "de todas las Cumbres de las Américas: la primera (en Canadá en 2001) fue una cumbre fría, incluso dentro de un muro", dijo refiriéndose al dispositivo de seguridad contra los manifestantes que protestaron en aquella ocasión, "y donde vino el Imperio y se impuso, y los demás callados excepto Venezuela" por el intento de imponer el ALCA. "Luego, en Mar de Plata (en 2005), ya sabemos lo que ocurrió: una cumbre que terminó fragmentada en pedazos, pero derrotamos al ALCA". "Y ahora, esta cumbre, se abrió a una nueva etapa de relacionamiento en todo el continente", indicó. El presidente de Brasil, Lula Da Silva dijo a su vez que "asistimos a una reunión en la que posiblemente la América Latina y los Estados Unidos y entre nosotros los latinoamericanos y Caribe, creamos una nueva forma de mirarnos, de vencer nuestras diferencias y de debatirlas con mucha madurez". También el presidente de Panamá, Martín Torrijos, se refirió a ese nuevo diálogo regional y con Estados Unidos. "El éxito de la cumbre... se definió por la ratificación de la importancia del diálogo a nivel de los jefes de estado del continente", sostuvo. El presidente norteamericano Barack Obama también destacó ese aspecto de la Cumbre. "Mostramos que aunque tengamos nuestras diferencias, podemos y debemos trabajar juntos en cuestiones en las que tengamos intereses comunes", declaró el presidente estadounidense. A su vez, el mexicano Felipe Calderón sostuvo que "nunca habíamos asistido a una cumbre con el nivel de interacción, franqueza y cordialidad que se sintió en Trinidad y Tobago".
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